Tenía 11 años y trabajaba con mi abuelo en su taller mecánico. Él me ponía a desarmar todo: motores, carburadores, cajas de cambio. Un día le pregunté: «Abuelo, ¿por qué me hacés desarmar todo?» Me miró y me dijo la frase de arriba. Tardé veinte años en entender qué me estaba enseñando.
El código vino tarde. Recién en 2020, a los 23, agarré JavaScript por mi cuenta. Sin bootcamp, sin universidad, sin mentor — solo la misma lógica del taller aplicada a otra cosa: desarmar hasta entender, después armar mejor. Seis años programando todos los días, dos cobrando por hacerlo.
Hoy sigo desarmando cosas, pero ahora son ideas. Las desarmo para entender cómo construirlas. Un equipo que quiere meter IA en su producto pero no sabe por dónde, un vertical que nadie atacó todavía, una idea que existe en la cabeza de alguien pero no en producción — todas son piezas que se pueden imaginar, diseñar y armar desde cero. La lógica del taller sigue intacta: si lo entendés, lo podés hacer.
Pasé por empresas. Me enseñaron a hacer tickets, a esperar specs, a delegar deploys. Aprendí el oficio ahí. Después descubrí que me rinde más solo, cerrando el loop entero. Hace 6 años que construyo productos así, end-to-end. LocalCenter, Sesión, JARVIS — no son features que mantengo, son productos que existen porque los pensé, los diseñé y los lancé yo.
Hoy busco un equipo donde eso valga. No quiero ser el ingeniero que recibe tickets. Quiero ser el que cierra el loop: idea, código, deploy, cliente, feedback, iteración. Si tu producto IA necesita salir del laboratorio y empezar a cobrar, probablemente sea el que buscás.